sábado, 25 de octubre de 2014

Cómo empezó nuestra lactancia mixta

Echo ahora la vista tres meses atrás, y me pregunto cómo es posible que se me diera tan mal el comienzo de la lactancia, con la ilusión y lo decidida que estaba a que todo fuera “lo normal”, es decir, que pudiera dar el pecho a Piña desde el primer momento. Quizá si hubiera leído algo sobre el tema durante el embarazo, habría tenido más recursos para encontrar antes las soluciones, pero estaba tan convencida de que la lactancia es algo sencillo y natural... Y ahora veo que a veces no es tan fácil como parece!



Durante los dos días de ingreso, yo tenía la sensación de que Piña no se enganchaba bien. Chupeteaba, se la veía con ganas, pero era incapaz. Lo comenté varias veces a enfermeras, pero nadie me ayudó demasiado. Sí estaban conmigo unos minutos, la miraban y la orientaban hacia el pezón. Cuando llevaba dos segundos en la teta, aunque me dolía horrores, siempre decían algo parecido a “ves, se va a enganchar fenomenal cuando te suba la leche”. La niña lloró mucho intentando coger el pecho y yo me desesperaba. Por eso, aunque el nacimiento de mi hija fue maravilloso, los días de ingreso los recuerdo algo amargos, porque tengo todavía la sensación de culpabilidad de no haber hecho bien las cosas, las poquísimas cosas de las que hay que estar pendiente en ese momento. ¿Por qué las mujeres tenemos tanta facilidad para sentirnos culpables? 

Al tercer día, cuando me iba de alta, me dijeron que Piña había perdido el 10% del peso, límite de lo normal. Y por supuesto aún no me había subido la leche. Me pusieron un ratito un sacaleches eléctrico, y salieron dos gotas (creo que eran lágrimas, ni siquiera calostro). Pasó el pediatra, y le pautó suplemento con fórmula porque estaba algo deshidratada. 30-60 ml cada 3-4 horas. Después, una enfermera observó que la niña no enganchaba bien, me explicó que era por la forma del pezón, y rápidamente mi chico fue a por pezoneras a la farmacia. Qué pena me dio, de verdad. ¿Nadie se dió cuenta un poco antes? Un consejo. No os vayáis del hospital sin comprobar que el bebé se engancha bien. Probablemente la leche no suba allí, pero al menos asegurad que el primer paso, el enganche, está resuelto, porque yo tuve que espabilarme en casa, cuando estás tan aturdida que no eres tú misma hasta que pasan un par de semanas. 

Una vez que empiezas con la lactancia mixta, es muy difícil volver a la materna exclusiva, de hecho si dejas que te lleve la corriente abandonar la materna sería lo más sencillo. Yo por supuesto obedecí al pediatra y en cada toma, después de intentar darle teta, le dábamos la fórmula con jeringa; aunque además de eternizarnos parecía que tragaba más aire y después le dolía la tripa. Nos pasamos al biberón. En la visita a la matrona a los diez días del parto, el remate para mi autoestima fue que me dijera que tenía poquísima leche (prácticamente solo con verme y rozar el pecho, ahora tengo claro que no fue un comentario muy serio ni oportuno). En realidad creo que durante la primera quincena de vida Piña apenas probó mi leche. 

No fue casi hasta que terminó el permiso de paternidad de mi chico, y me quedé sola en casa con mi bebé durante 12 horas al día, cuando empecé a razonar con claridad que no estaba haciendo lo que yo había querido y consideraba mejor. Debe ser cierto que el parto te deja medio boba. Me activé rápidamente y decidí reconducir nuestra lactancia. En el siguiente post hablaré sobre mi experiencia con la relactación, que es el motivo que me impulsó a empezar este blog, para que otras chicas puedan leerlo, sentirse más acompañadas y, si quieren, seguir alguno de mis consejos. 

Un beso y hasta pronto!

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